¿Piensas que tu hijo o hija come demasiado?

Quejarnos de que nuestro hijo come poco es habitual, pero es más raro que una familia muestre preocupación porque su hijo come mucho. Pero también ocurre, y si tú te encuentras entre estas familias, que sepas que no estás sola.

Estas familias suelen sentir una gran impotencia y frustración por la tendencia a comer en exceso de su criatura, especialmente cuando va asociado a sobrepeso. Los padres no entienden las razones subyacentes que pueden estar provocando esta sobrealimentación de su hijo, y es frecuente pensar que el problema se limita a la comida. Temen por su salud , pero no conocen las herramientas adecuadas para ayudarlo.

En un mundo perfecto tu hijo comerá por las razones ¨correctas¨: hambre fisiológico, salud y nutrición. Pero en la vida real los niños (y los adultos) comen por numerosas razones, a veces más profundas y la causa puede ser multifactorial.

Durante muchos años he oído historias de mamás que encuentran envoltorios de comida escondidos en el dormitorio de su hijo, que lo ¨pillan¨comiendo a hurtadillas, o que no saben cómo manejar la aparente falta de autocontrol de su peque entorno a la comida, especialmente en fiestas y comidas fuera de casa.

RAZONES POR LAS QUE TU HIJO PUEDE COMER EN EXCESO

1. Picos de crecimiento: en los periodos de mayor crecimiento los niños experimentan un aumento del apetito como respuesta a una necesidad fisiológica. Su cuerpo necesita un extra de energía para crecer. Esto ocurre preferentemente en los primeros 2-3 años de vida y en la adolescencia.

2. Ejercicio intenso: si tu hijo practica ejercicio de mucha intensidad y duración, es normal que el cuerpo pida más energía.

3. Comer emocional: en este caso tu hijo comería para regular emociones que le están provocando cierto malestar como aburrimiento, ansiedad, tristeza, etc.

4. Un plan de alimentación errático donde no existe una programación lógica y regular de las comidas. El tiempo entre comidas es largo o no se ofrecen alimentos lo suficientemente nutritivos y en la cantidad adecuada.

5. Un gran goce en el acto de comer: tu hijo disfruta mucho del sabor, olor y textura de los alimentos. Pocos alimentos le disgustan.

6. Restricción: si le restringes el acceso a la comida de forma regular, su obsesión por la comida y por los alimentos prohibidos aumentará.

Como ves, las razones pueden ser muy variadas. Entender la raíz del problema es importante porque te ayudará a actuar y a ayudarlo con amor y límites adecuados.

¿QUÉ NO DEBES HACER?

Me he encontrado familias que creen que tienen que controlar, limitar o restringir lo que su hijo/a come, especialmente alimentos insanos. La intención evidentemente es buena, pero la restricción puede generar más problemas a largo plazo.

Alimentar a nuestros hijos es una de las mayores responsabilidades como padres y quizás la más repetitiva, retadora y mundana de las tareas diarias. Nuestra sociedad está obsesionada con la apariencia y el comer sano, y nos enfrentamos a mensajes contradictorios sobre la forma más correcta de alimentar a nuestros hijos. Por todo ello, no es raro que busquemos una nutrición perfecta y que queramos controlar cada bocado que entra en su boca.

Hay padres que no son conscientes de que están restringiendo la ingesta de su hijo. Han automatizado y normalizado ciertos comportamientos.

Probablemente estés restringiendo si:

  • Le pones menos cantidad de comida en el plato que al resto de la familia. No le dejas que se sirva él /ella mismo/a.
  • Compras muchos alimentos light y bajos en grasa para controlar la ingesta de calorías.
  • Le prohíbes ciertos alimentos.
  • No dejas que repita si así lo solicita.

¿Cuál es el problema de restringir de manera regular?

  1. Puede provocar que tu hijo/a pierda la capacidad de autorregular su ingesta, de ser consciente de las sensaciones de hambre y saciedad.
  2. Aumentará su obsesión por la comida. Como los adultos, los niños quieren aquello que no pueden tener.
  3. Comerá de más cuando los alimentos prohibidos estén a su alcance, sobre todo cuando no se sienta vigilado/a por sus padres.
  4. Hay estudios que demuestran la asociación entre la restricción a los alimentos y el sobrepeso.
  5. Que realmente esté pasando hambre si te excedes en limitar alimentos nutritivos con la cantidad suficiente de proteínas y grasas.

¿QUÉ DEBES HACER?

1. Sirve abundante comida sana en cada comida y que sea él o ella la que se sirva la cantidad que crea correcta según su nivel de hambre. Al principio será difícil para todos: tu hijo dudará de cuánta cantidad es la correcta, se sentirá juzgado por ti y tú te preocuparás de no tener el control de la situación. Pero no te preocupes, con el tiempo todos iréis aprendiendo a saber manejar la incertidumbre y a confiar los unos en los otros. Mucha paciencia y amor.

2. Prepara comidas balanceadas con suficiente proteínas y grasas para que se sienta saciado.

3. No prohíbas alimentos. Sé flexible, que tu hijo sepa que de manera ocasional y en ciertos momentos (que pueden estar estipulados con antelación), puede disfrutar de alimentos menos sanos.

4. Reconoce el aspecto emocional de comer. Indaga si existe otro motivo que esté provocando el problema. Quizás coma en exceso cuando esté aburrido, porque tiene problemas en el colegio, con los amigos, etc. Quizás sentirse emocionalmente lleno le ayudará a disminuir la ingesta.

5. Alimenta con amor, pero con límites. Crea una buena estructura en torno a las comidas, crea límites, pero que no sean demasiado inflexibles, deja espacio para que tu hijo decida qué y cuánto comer.

Estas herramientas te ayudarán a crear un ambiente armonioso en torno a la mesa y tanto tú como tu hijo o hija sentiréis que estáis al control de su alimentación.

 

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