ALIMENTACIÓN PERCEPTIVA

Padres, pediatras y sanitarios en general solemos dar mucha importancia a QUÉ tipo de alimentos ofrecemos a los niños, y nos olvidamos de que igual o más importante es CÓMO se los ofrecemos.

Por ello quería hablaros hoy de la alimentación perceptiva. ¿A qué me estoy refiriendo? A aquella alimentación en la que los padres, durante el acto de alimentar a su hijo, están presentes y atentos a las señales de hambre y saciedad del niño, y responden de manera adecuada a ellas (proveen alimentos cuando el niño muestra hambre, y dejan de alimentar cuando el niño muestra saciedad).

Cuando respondemos eficazmente a esas señales, mostramos a nuestro hijo amor, cariño y apoyo y le ayudamos a preservar su termostato natural interno, aquel que le permite regular su apetito.

La alimentación perceptiva es una alimentación brindada en un marco de afecto que respeta las necesidades del niño.

Parece algo de sentido común ¿verdad? Pues no debe ser tan fácil cuando a tantas familias les resulta complicado llevarla a cabo. No solo eso, sino que hacen todo lo contrario.

¿Qué no es alimentación perceptiva: aquella basada en la presión, chantaje o distracción para que coma, el premiar con comida, restringir alimentos, o no compartir el momento de comer, es decir, estar haciendo otra cosa mientras nuestro hijo come, como por ejemplo poniendo la lavadora, mirando el móvil, etc.

En estos casos, el niño no es alimentado por razones estrictamente relacionadas con el apetito.

Las consecuencias de no practicar la alimentación perceptiva es que anula esa capacidad de autorregulación de la que te hablaba, lo que puede dificultar la adquisición de hábitos alimenticios saludables y favorecer la sobrealimentación (y con ello el sobrepeso y la obesidad).

Es por ello importante que como padres aprendáis a reconocer esas señales de apetito, y para ello es fundamental comer sin distracciones, mirar a los ojos e interactuar con el niño mientras come. Cada niño puede mostrar unas señales diferentes y estas irán variando a medida que vaya creciendo. ¿Cómo reconocerlas?

¿CUÁLES SON LAS SEÑALES DE HAMBRE Y SACIEDAD?

BEBÉ 0-6 MESES

En los bebés, evidentemente estas señales no son verbales, pero no por ello menos reconocibles.

CUANDO TIENE HAMBRE

Se muestra inquieto, mueve los brazos y se lleva las manos a la boca, muestra reflejo de búsqueda, hace ruidos o movimientos de succión, aprieta el puño sobre el pecho y la barriga. El llanto suele aparecer cuando estas señales previas han sido ignoradas, por lo que es un signo tardío.

CUANDO ESTÁ SACIADO

Pasa a un patrón intermitente de succión (detenerse/comenzar), se retira del pecho o suelta el biberón, el ritmo de alimentación se enlentece, cierra los ojos, se vuelve somnoliento o se duerme, se inquieta o se distrae fácilmente, cierra la boca o se aleja cuando se le ofrece el pecho o el biberón.

BEBÉ 6-12 MESES

Muestra hambre y saciedad verbalmente, con expresiones faciales y acciones.

CUANDO TIENE HAMBRE

Se inclina hacia los alimentos y abre la boca, se emociona al ver la comida, la sigue con los ojos; si se alimenta él solito, la agarra y se la lleva a la boca.

CUANDO ESTÁ SACIADO

Escupe o empuja la comida, se inquieta o distrae fácilmente, cierra la boca o gira la cabeza cuando se le ofrece; si come solo, deja de llevársela a la boca, juega con ella, la tira al suelo, etc.

1-3 AÑOS

A lo explicado previamente se añaden expresiones verbales más elaboradas. Utiliza palabras para pedir que lo alimenten o para expresar que no quiere más.

A PARTIR DE LOS 3 AÑOS

A partir de la edad prescolar ya nos muestran hambre y saciedad simplemente verbalizándolo, pero a medida que crecen pueden empezar a confundir aburrimiento y emociones con hambre real, lo que nos puede resultar confuso.

Cuando mis hijos eran pequeños les ayudaba a comunicar esas sensaciones preguntándoles: ¨ ¿está tu estómago contento? ¨ – para asegurarme de que estaba confortablemente saciado- o ¨ ¿está tu estómago realmente hambriento? ¨

Busca un lenguaje apropiado a la edad de tu hijo, que le ayude a expresar esas sensaciones físicas y diferenciarlas de las distintas emociones. Le estarás brindando un regalo para toda la vida.

La alimentación perceptiva evitará conflictos y dramas en la mesa, y lo más importante, brindará a tu hijo la oportunidad de desarrollar una relación saludable con la comida, tener una alimentación variada, y os permitirá disfrutar con alegría de las comidas familiares.

Después de este post me gustaría que te quedases con estas dos ideas:

· Alimentar a tu hijo o hija va más allá del propio alimento. Es una oportunidad de intercambiar amor, de transmitir lenguaje, cultura gastronómica. Aprender a comer es parte de su desarrollo físico y cognoscitivo.

· La alimentación perceptiva es un pilar fundamental de la alimentación complementaria. Ayuda a crearlas bases para la construcción de unos buenos hábitos alimenticios y una buena relación con la comida.

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