¿Es acertado chantajear a tu hijo para que coma?

No es raro que los padres usemos pequeños chantajes para que nuestros hijos coman, yo la primera. ¨Si te tomas tres cucharadas más, podrás tomarte el helado de postre¨o ¨si lo pruebas, podrás ver otro capítulo de Peppa Pig¨.

Premiar es una estrategia alimentaria usada por nosotros los padres para manipular o controlar el comportamiento de nuestro hijo en la mesa y la ingesta de determinados alimentos. Consiste en usar premios o incentivos en forma de comida (dulces habitualmente) o en forma de halagos, pegatinas, horas de pantalla, etc.

¿Quién no ha sucumbido en mayor o medida a ésto? Lo hacemos con la mejor de las intenciones, y además porque en el momento es efectivo, vemos resultados inmediatos: tu hijo come más y prueba nuevos alimentos. A tu hijo le encanta el dulce, por lo que son incentivos relativamente fáciles.

Pero resulta que esta táctica no es tan maravillosa a la larga. Hay estudios que señalan que, a largo plazo, si se recurre a ésto con frecuencia, los niños tienen más posibilidades de convertirse en comedores emocionales y socava su habilidad a desarrollar su motivación natural a probar alimentos nuevos.

Es verdad que inicialmente puede ser útil en aquellos niños que tienen una auténtica fobia a probar alimentos nuevos, ya que puede ser la única forma de que los prueben y se puedan exponer al alimento. Pero siempre con cautela.

Usar dulces como premio puede disminuir la preferencia por la comida que al niño ya le gustaba y aumentar su preferencia por el dulce usado como premio. El premio se transforma ¨en lo más¨, en lo ¨guay¨ y las verduras o la fruta en el peaje que tienen que pagar para conseguir el premio.

Cuando actuamos así, no solemos percatarnos de lo que sienten nuestros hijos. Inicialmente se sentirán bien, recibir un premio siempre genera entusiasmo, pero con el tiempo pueden percibir esos ¨chantajes¨como manipulativos y pueden buscar una salida, o formas de aumentar la apuesta (¨vale, pero me dejas ver no uno, sino dos capítulos más¨).

Premiando conseguimos que coman lo que queremos ¿pero conseguimos que les guste lo que comen? Al final es lo que buscamos ¿no? después de todo, lo que elegimos para comer a lo largo de la vida es lo que nos gusta. Si quieres que tu hijo coma algo le tiene que gustar en alguna medida, tiene que estar internamente motivado sin depender de motivaciones externas.

Lo que sí que ha demostrado que es útil a la hora de que nuestros hijos coman variado y sano es la exposición repetida al alimento sin presionarlos. Lo que ocurre es que a veces se malinterpreta ¨exponer¨a ¨conseguir que lo prueben¨.  Exponerle a la comida es olerla, verla, tocarla, probarla sin llegar a tragarla, no necesariamente comer.

La exposición tiene que ser neutral (sin halagos, premios, ni presiones). Requiere, lo sé porque lo he sufrido, de muchísima paciencia y entender que lleva un tiempo que les guste cierto alimento.

Otras tácticas que te pueden ayudan:

  • Combinar alimentos que no les hacen mucha gracia con otros que les gusta mucho.
  • Aumentar el sabor y la palatabilidad de los alimentos, con especias, por ejemplo, y variar en el método de preparación.
  • Como ya sabeis el ejemplo es importantísimo. Es lo que llamamos facilitación social. Por eso los niños comen mejor en presencia de otros peques. Si os ven disfrutar de un buen plato de verduras (y lo expresais: ¡qué ricas están estas judías!) a la larga es más probable que las prueben.
  • Implicarlos en la cocina, en la preparación de las comidas, la elección de los alimentos, poner y quitar la mesa, etc.
  • Los alimentos que nos interesa que tomen tienen que estar disponibles, es decir, presentes en el entorno del niño y si se puede ser, visibles (el frutero siempre a la vista) y accesibles, es decir, su consumo tiene que ser factible. Para ello tendremos que presentárselo en una forma que facilite su consumo (por ejemplo tener siempre fruta cortadita en la nevera).
  • Ofrecerles que elijan entre 2-3 opciones de un mismo grupo de alimentos. Por ejemplo ¨qué quieres de postre: fresas, manzana o sandía¨ (pero no vale darles a elegir entre fruta y helado). Esto es útil sobre todo en niños pequeños porque les ofrece una expereincia de autonomía y favorece la motivación interna.

Ánimo, nadie dijo que esto fuera fácil. Pero si os lo trabajais bien, veréis la recompensa. Desparecerán las batallas y conflictos en la mesa, volverán a ella la alegría y la calma, y gozarás viendo como tus hijos se van haciendo mayores disfrutando de la fruta y verdura.

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