¿Cómo dejar de hacer una comida para cada miembro de la família?

¿Haces una comida distinta para tu hijo?

¿Tienes una comida en la reserva por si tu hijo rechaza lo que has preparado?

Anticipándote a su rechazo ¿preparas aquello que sabes que va a comer bien?

¿Estás en ese momento en el que sabes que no es lo correcto, pero no sabes cómo evitarlo?

Pues tranquila, no estás sola. Es una situación muy frecuente entre las familias.

Los MOTIVOS que te llevan a convertirte en la chef de un catering pueden ser varios:

  • Mantener la paz en la mesa.
  • Te da pena ofrecer alimentos que sabes que no agradan.
  • Tu hijo está con un peso justito y sufres pensando que se puede ir a la cama sin haber cenado.
  • ¿Para qué molestarte en cocinar……si no se lo va a comer?

Todas estas razones son comprensibles, pero si te fijas, persiguen efectos a corto plazo. En cambio, los RESULTADOS a largo plazo, que son los que te interesan, pueden ser negativos:

  1. La alimentación se vuelve monótona y repetitiva, lo que puede derivar en un déficit nutricional.
  2. Tu hijo deja de estar expuesto a distintos alimentos, y pierde la oportunidad de verlos, olerlos, tocarlos, etc.
  3. Tu autoridad se ve socavada, ya que es tu hijo el que está al mando, en cuanto a la alimentación se refiere.
  4. El tener que cocinar varios platos te provoca cansancio, frustración y te hace sentir poco valorada y apreciada. Esto provoca que la relación con tu hijo se vea afectada negativamente.
  5. Y lo más importante a mi parecer: refuerzas su idea de que tiene SU propia comida, favoreciendo que siga siendo selectivo. Tu hijo divide los alimentos en dos categorías: mi comida y la del resto. Romper esa barrera mental es un paso crucial si quieres que se aventure a probar alimentos nuevos.

La mayoría de los niños entre 1-4 años se encuentran en esa fase del desarrollo en la que les cuesta probar alimentos nuevos. Si durante esos años limitamos la variedad en su dieta, favoreceremos que esa fase de ¨mal comedor¨ eche raíces y se perpetúe.  Ten claro que cuanto más intentes complacer a tu hijo con la comida, más insatisfecho estará y más demandante será.

Puede que después de leer hasta aquí te haya convencido, pero ahora llega lo difícil ¿verdad?

 ¿CÓMO CONSIGO REVERTIR LA SITUACIÓN?

Voy a ser honesta contigo – no es fácil, pero no por ello imposible. Y no esperes tener éxito enseguida, tu hijo se ha acostumbrado a una dinámica en la mesa, y no te lo va a poner fácil. De hecho, va a contraatacar con más protestas, llantinas o rabietas. Es normal, necesita adaptarse a la nueva situación.

  1. No más comidas de rescate. Toda la familia comparte la misma comida.
  2. No más snacks entre horas. Si ha comido poco, deberá esperar hasta la siguiente comida. Es importante que le trasmitas que en casa hay un horario estructurado de comidas que hay que respetar.
  3. Haz una lista de lo que habitualmente come bien e intenta que en todas las comidas haya alguno de estos alimentos que le ofrecen seguridad. Por ejemplo, una fruta, yogur, arroz, etc., pero que no sea siempre el mismo. Es decir, asegúrate de que en la mesa siempre haya algo que sepas que va a comer.
  4. Expón a tu hijo los cambios con anterioridad, explicándole cómo a partir de ahora las comidas familiares van a variar, pero que no se preocupe, que siempre habrá algo que le guste. Busca un momento propicio par hablarlo, cuando esté calmado y descansado.
  5. No le presiones para que coma los alimentos que rechaza. Déjale claro que es su decisión qué alimentos prueba y cuáles no, ya que, el que no se sienta forzado a comer, es crítico para conseguir que se siente con buena disposición en la mesa.
  6. Es importante que seas consistente. Comprométete a ello y háblalo con tu pareja. Es vital que los dos reméis en la misma dirección y que os apoyéis el uno al otro. No tienes que hacerlo sola.
  7. Si te abruma todo lo expuesto, comienza dando pequeños pasos: por ejemplo ¿por qué no empezar con la cena de los viernes?

Todo ello con calma, amor y mucha paciencia. Sé que no es fácil, pero tu objetivo es tan maravilloso que merece la pena. La variedad de alimentos que tu hijo aceptará y gustará se verá incrementado, lo que repercutirá en su estado de salud.

¡Espero haberte convencido!

Si a pesar de ello, no te animas ¿qué te está impidiendo dar el paso? Si te sientes abrumada y crees que necesitas ayuda, pide ayuda a un profesional.

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